6 marzo 2026

El Orientalista

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La paz del miedo

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El poder, por el poder, ha hundido a la humanidad en el laberinto eterno de la incertidumbre, haciendo de esta la regla y de la certidumbre la excepción, concibiendo que la paz vaya pasos atrás de lo utópico, que para mantenerla es a un coste tan elevado que países desprovistos de ojivas nucleares están compelidos a reducir sus programas de bienestar social; como las inversiones en salud, educación, seguridad social y otros, para solventar la paz que subyace en el pedestal del miedo.

La noble codicia del ser, por la paz universal, ha sido la constante odisea de la humanidad, desde el instante mismo que el hombre discernió sobre el concepto de lo mío, empezando a darle valor a las cosas que entendía que eran suya.

A partir de ahí, empezó la lucha del hombre contra el hombre; “el hombre es un lobo para el hombre” (Homo homini lupus): los seres humanos pueden ser muy crueles y egoístas entre sí, actuando como lobos que se atacan los unos a los otros, según Thomas Hobbes, quien sugiere que en ausencia de leyes y gobierno, la naturaleza humana lleva a una competencia constante a la guerra.

En su época, Thomas Hobbes sugirió las leyes y gobierno para raer la misteriosa lucha del hombre contra el hombre, lo hizo por la existencia del derecho natural. Desaparecida tal condición, desde hace siglos, no tiene sentido que la paz, sea un trofeo digno de competidores mundiales poseedores de arsenales nucleares, que mueven el péndulo de la guerra según sus intereses.

Las normas que rigen el derecho internacional, como la Carta de las Naciones Unidas, tratados, convenios, y el principio al veto de los Estados miembros permanentes de las Naciones, son letras muertas, sustituido por la supremacía del poder nuclear.

Tras el cese de la hostilidad bélica de Israel e Irán, el mundo se volcó eufórico hacia la semblanza “heroica” de Donald Trump, cuando anuncio que logró el alto al fuego de dichos rivales un día después de haber bombardeado las instalaciones del enriquecimiento de uranio al noventa por ciento, con la excusa de evitar que irán fabrique la bomba nuclear.

No cabe duda que el instinto natural de la vida humana frente a una amenaza de desaparición colectiva o parcial, hace posible la traición colectiva del inconsciente del hombre, ya que al observar la posibilidad de una catástrofe universal que amenace su existencia, reduce el discernimiento y la razón en cuyo estado puede ver al victimario como héroe, como resultado del instinto de sobrevivencia.

Como ejemplo podemos citar el “síndrome de Estocolmo”, que es una respuesta psicológica paradójica en la que las víctimas de secuestro o cautiverio desarrollan vínculos emocionales positivos con sus captores. Esta conexión emocional puede manifestarse como simpatía o afecto, e incluso lealtad hacia el agresor, a pesar de la situación de peligro y abuso.

Somos una aldea global, rebosada del conocimiento del más alto nivel alcanzado, que siglos atrás se percibía inalcanzable, a pesar de ese privilegio, la misma está secuestrada por los países ostentadores de armas nucleares, lo que nos hace creer que, con esa capacidad de poder destructivo, hemos retrocedido a la época más allá del oscurantismo.

Como si nos subyugáramos ante el maniqueísmo del poder, de las fuerzas guerreristas de la humanidad, con un mundo dividido entre los buenos y los malos, sin intermediarios válidos, descertificados moralmente para ser interlocutores arbitrales, afín de mediar en conflictos de estados. Aquellos, cuando suelen mediar, lo hacen con la estrategia de manipulación, constriñendo la posibilidad de bienestar de la humanidad.

Tal es el caso de imposición que le hace Donald Trump a los países que componen la OTAN constriñéndoles a que eroguen el 5% de su Producto Interno Bruto para repeler “la amenaza existencial de expansión Rusa”, es decir, lograr la paz sobre la base de la filosofía del miedo.

El menos común de los sentidos es que, Donald Trump como presidente de los Estados Unidos y protector de Israel, destelló contundentemente un arsenal de bombas con toneladas de kilos, sobre irán, y en menos de 24 horas logra el acuerdo de cese al fuego de las partes en conflicto, lo que deja entrever que, antes del bombardeo hubo un preacuerdo entre el poder factico mundial y que el mismo fue un simulacro intimidatorio, tanto a Irán como a Israel. ¿Cuál sería el motivo? La respuesta en una incógnita que cae en el campo de lo especulativo.