

La Reculada del Alcalde de Santo Domingo Este.
En un giro que refleja tanto la presión popular como la fragilidad de las decisiones mal concebidas, el alcalde de Santo Domingo Este, Dio Astacio, ha dado marcha atrás en su controvertida medida de imponer un cobro de más de 1,000 pesos para el registro de motoristas.
Esta decisión llega tras una contundente manifestación de rechazo por parte de los motoristas y diversos sectores de la sociedad, quienes, con su unidad y determinación, han demostrado una vez más que el pueblo organizado puede frenar abusos y políticas improvisadas.
El intento del alcalde de disfrazar su retirada como una simple «prórroga» hasta enero no engaña a nadie.
Es un movimiento desesperado por salvar la cara ante una medida que, desde su anuncio, se percibió como impopular, mal planificada e incluso ilegal.
La reducción del costo de registro de 1,050 a 300 pesos no es más que una admisión implícita de que la propuesta original carecía de sustento y legitimidad.
Este recorte, lejos de ser un gesto de buena voluntad, evidencia la improvisación y la falta de visión que han caracterizado esta iniciativa desde el principio.
La decisión de Dio Astacio de retroceder no es solo una muestra de su incapacidad para sostener una medida impuesta sin diálogo ni consenso, sino también una lección sobre el poder de la ciudadanía.
Los motoristas, un sector vital en la dinámica económica y social de Santo Domingo Este, no se quedaron de brazos cruzados.
Su protesta no solo visibilizó las injusticias de la medida, sino que obligó a las autoridades a reconocer que las políticas públicas no pueden construirse de espaldas al pueblo ni al marco legal que rige la nación.
Este episodio pone en evidencia una verdad fundamental y es que las decisiones arbitrarias, contrarias a la constitución y las leyes, están destinadas al fracaso cuando se enfrentan a la resistencia organizada de la ciudadanía.
La supuesta valentía del alcalde se desmoronó ante la fuerza de un pueblo unido, dejando al descubierto la fragilidad de su liderazgo y la falta de planificación en su gestión.
La reculada de Dio Astacio no debe ser visto como una mera pausa, sino como una derrota clara de una política que nunca debió plantearse.
La ciudadanía, y en particular los motoristas, han dado una lección de civismo y resistencia.
Este triunfo colectivo debe servir como un recordatorio para las autoridades municipales, “gobernar no es imponer”, sino escuchar, planificar y actuar dentro del marco de la ley y en beneficio de todos.
La retirada de esta medida es una victoria del pueblo y de los motoristas, pero también un llamado a permanecer vigilantes.
Porque, como ha quedado demostrado, cuando el pueblo se une, ninguna medida injusta puede prevalecer.

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